No hablo "huevonadas". No escribo pendejadas sólo por escribirlas. Yo SÍ he luchado.
El 12 de febrero del año 2014, mientras escuchaba múltiples disparos sin saber su procedencia, en los alrededores del Centro Comercial San Ignacio, escuché gritos de muchos de aquellos compañeros de rostro tapado, sin nombre, pero con voz y fuerza, alertándonos: "La guardia nos está matando y nadie hace nada"... Y ese motor invisible que guía mis pasos, que me hace querer luchar y luchar, que me hace sentir que la solución es tener una ametralladora y lanzarme yo solo contra Miraflores y contra quienes me vengan, al mejor estilo de Rambo, me hizo correr hacia donde venían los disparos. Ahí me topé con el cuerpo sin vida de Robert Redman y una oficial (de unos cuarenta y tantos años de edad) de Polichacao le ponía una linterna en los ojos y decía "Está vivo, aún está vivo" pero me abrí paso entre la multitud... Siempre he sido un poco "sali'o" y, sin dejar de ver a las azoteas, por si habían francotiradores, llegué hacia ese cuerpo... Y yo lo vi a los ojos... Y estos no tenían luz de vida alguna... Y vi sus brazos, que, reposaban sobre sus codos en el suelo, arqueándose en el aire por sobre su pecho, me dijeron, sin palabras, lo que ya era obvio... Estaba muerto...
Aún así, lo cargué y lo monté en una ambulancia... Su sangre cayó en mis botas... Era la sangre derramada de un patriota, de un rebelde, de un joven que murió por sus sueños de libertad... Que eran los mismos que los míos, que eran los mismos que los tuyos que me estás leyendo... Él podía ser yo... O podías ser tú... O podía ser cualquiera de aquellos amigos que tuve en este país alguna vez... Fue inevitable, me puse a llorar...
A partir de ahí, empecé a ser resistencia cada día con más fuerza. Cada día me fui acercando más y más a las barricadas de la Policía Nacional o de los malditos Guardias Nacionales. Recordaba esos ojos sin vida y me sentía más y más empujado hacia el combate, como si una terrible y poderosisíma sed de venganza me guiara hacía adelante... Lo admito, a veces, las bombas lacrimogenas me hacían retroceder... Tengo casi 14 años fumando, obviamente me asfixiaba... Pero entre las lágrimas provocadas por esos malditos artefactos, la piel enrrojecida, los mocos saliendo sin permiso y los gritos enardecidos de esos jóvenes sedientos de futuro, volvía a la batalla. Lo admito, me sentía Leonídas... Estaba en mi ambiente.
Recuerdo una vez que luchando en la calle Élice de Chacao, vimos con indignación cómo de las oficinas del Ministerio de Transporte nos lanzaban bombas molotov... Como yo y otros tantos ibamos adelante, gritamos enardecidos que debíamos tomar esa sede ministerial. Ya habían muerto más de veinte de los nuestros y las ansias de venganza, de matar a puñaladas a cualquier mierda que oliera a chavismo era tan grande, que fue como una inmensa ola incontrolable la que se abalanzó contra las rejas que separaban a esa multitud enardecida que mi persona y otros tantos liderábamos, de esos malditos jalabolas... Empezamos a patearla, una y otra y otra y otra vez y el vigilante, imagino yo, sintiendo miedo, tomó una manguera, de esas de bombero y la encendió con fuerza contra nosotros... Pero la ira podía más que el agua a presión y cuando la reja estaba cediendo y nuestros gritos exclamando "YA CASI, YA CASI ENTRAMOS" llenaban todo el lugar, al pobre malparido vigilante, que hoy por hoy debe pesar unos veinte kilos menos, le dio por desenfundar un revólver, presumo que un 357 y empezó a disparar... Y a él también lo vi... Él era el otro lado de la moneda... Aquellos que trabajan como vasallos para este gobierno que los está matando, que está matando a su familia... Vestía pantalón y camisa de vestir grises y un chaleco anti-balas azul y apuntaba y disparaba hacia donde yo estaba... Sí, lo admito, sentí temor de que una de esas balas terminara en mi cabeza como aquella que le quitó la vida a Robert... Así que me di media vuelta y corrí... Para quienes estuvimos ahí, recordarán que era una subida... Para quienes no, basta con pasar por ahí y la verán... Rodé... Y rodé como una piedra... Cuesta abajo pero no precisamente en ninguna cintura... Y cuando caí, escuchaba aún los disparos... Ya no sé si del maldito vigilante o de los putos policías que avanzaban en contra de los jóvenes libertarios... Todo era confuso y solamente un pensamiento invadía mi mente... "Marico... siempre he escuchado que los tiros no duelen... Ese tipo disparó hacia mi... ¿Y si me dio? ¿Y si estoy muerto ya?".
Y lleve mis manos a mi pecho. Tenía una chaqueta negra y debajo, una franela blanca, así que abrí la chaqueta y sin verme, tan solo palpando, buscando algún hueco, empecé a tantearme... Al no encontrar nada, apelé a mi vista, a ver mis manos, las cuales vi manchadas de sangre... Sí, será y sonará loco, pero empecé a gritar "MALDITOS, MALDITOS, ME DIERON, LOS VOY A MATAR, JURO QUE LOS VOY A MATAR", sólo para darme cuenta segundos después, de que eran mis propias manos (y rodillas) que sangraban, por el desgarre de la caída... Aún vivía... Dios aún me quería vivo... Alguna razón tendría...
Pero no todo fueron desgracias, tiros e ironías... También hubo momentos de amistad fortuita e inesperada, de verdadera camaradería, que me demostraron que todos cuántos estábamos ahí, sin conocernos, éramos hermanos. Éramos más hermanos que nadie, pues teníamos un mismo corazón, un mismo ideal... Y luchábamos por ese ideal.
Ese mismo día me tocó correr cuando llegaron los colectivos disparando como locos sobre sus motos. Y los vecinos del sector que no podían luchar activamente, esperaban en las entradas de sus edificios para darnos asilo. Una pareja muy mayor de nacionalidad portuguesa, nos dejó entrar a su casa, a un grupo de más o menos 30 jóvenes, quienes apretados en la sala, nos reíamos nerviosamente y nos preguntábamos nombres o cuando menos, apodos... Uno de ellos me vio y gritó asombrado y feliz a la par: "Marico, ¡¡¡tú eres el de la chaqueta de Magallanes!!! ¡¡¡Estás vivo hermano, estás vivo!!!" y me abrazaba. Me dolía todo el cuerpo pero lo abracé, pues su abrazo era sincero y era de un verdadero hermano. Seguido a ello, le conté todo cuánto (y cómo) había pasado y él, luego de escucharme atenta y atonitamente como el resto de los presentes, me respondió "Todos los que estábamos ahí corrimos y no te vimos más. Te lloramos. Juramos que te habían matado. Ojalá podamos seguir luchando codo a codo hermano". Creo que más nunca lo vi... Y si lo hice, y si de casualidad me lees mi pana, gracias, pues ese día fuiste uno de los que me demostró que ser venezolano es más que irle a una selección o comer arepa, es lucharlo y es sentirlo y es sentir cuando cae uno de los nuestros.
Ese mismo 2014, sentí la frustración y la ira, el odio y la impotencia más pura, al ver cómo los malditos de la MUD nos vendían. Cómo encadenaban en un supuesto "dialogo" mientras a mis hermanos y a mi nos masacraban en la plaza Bolívar de Chacao e incursionaban en el campamento de la Torre HP, llevándose como presos políticos y sembrando con drogas a todos los que ahí estaban.
Ese mismo 2014, sentí la frustración y la ira, el odio y la impotencia más pura, al ver cómo los malditos de la MUD nos vendían. Cómo encadenaban en un supuesto "dialogo" mientras a mis hermanos y a mi nos masacraban en la plaza Bolívar de Chacao e incursionaban en el campamento de la Torre HP, llevándose como presos políticos y sembrando con drogas a todos los que ahí estaban.
Yo corría como un loco huyendo de las balas de los colectivos, de las bombas lacrimogenas de la Policía Nacional y de las peinillas y motos de la Guardia Nacional. Sólo escuchábamos detonaciones, gritos, vidrios rompiéndose... Y mientras esto pasaba, mientras nosotros caíamos, más de uno, sentadito en su casa, con su aire acondicionado, reía y aplaudía como foca al escuchar al grandísimo viejo hijo de puta de Henry Ramos diciendo "No me toques la campana"... El beso de Judas ya se había dado... La traición a la juventud venezolana se había sellado.
Por esto y por tantas y otras tantas cosas más, que pronto te contaré, puedo decirte, con la mayor de las morales que la vida pueda darme, que yo SI he luchado, que yo no hablo huevonadas. Que yo SÍ siento a mi patria en mi corazón. Que yo tengo la cara limpia para decirte, a ti, que me estás leyendo ¿PARA CUÁNDO COÑO DE LA PUTA MADRE VAS A DESPERTAR? ¿CUÁNDO COÑO NOS VAMOS A LEVANTAR Y ESTA VEZ, SIN RENDIRNOS, ASÍ CAIGAMOS TODOS? Yo SÍ he luchado... ¿y tú? ¿cuándo? y aún más importante... ¿cuándo lo harás de nuevo?
Por esto y por tantas y otras tantas cosas más, que pronto te contaré, puedo decirte, con la mayor de las morales que la vida pueda darme, que yo SI he luchado, que yo no hablo huevonadas. Que yo SÍ siento a mi patria en mi corazón. Que yo tengo la cara limpia para decirte, a ti, que me estás leyendo ¿PARA CUÁNDO COÑO DE LA PUTA MADRE VAS A DESPERTAR? ¿CUÁNDO COÑO NOS VAMOS A LEVANTAR Y ESTA VEZ, SIN RENDIRNOS, ASÍ CAIGAMOS TODOS? Yo SÍ he luchado... ¿y tú? ¿cuándo? y aún más importante... ¿cuándo lo harás de nuevo?





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