Un día, de esos en los que estamos tan agotados que decidimos acostarnos apenas llegamos del trabajo/estudio con todo y ropa, con todo y zapatos... Uno de esos días donde no podemos ya ni con nuestra alma, llegué a mi casa y me lancé sobre la cama, para dormir pues al día siguiente, tenía que volver, como siempre, a mi rutina, que no amaba, pero tampoco odiaba...
Logré conciliar el sueño inmediatamente con tal profundidad, que ni siquiera una llamada al teléfono me hubiese podido despertar pero, tuve una terrible pesadilla, de esas que, aunque quisieras olvidar, no lo harías jamás, de esas que recordarás eternamente y es la que voy a relatar a continuación...
En mi pesadilla, yo salía a la calle, dispuesto a tener un bonito y agradable paseo. Apenas pisé el asfalto, empecé a notar cosas raras... En una calle cercana a mi casa, los mecánicos reparan autos dañados, pero, en ese momento pude observar mujeres llenas de grasa, con su bata azul de mecánica, reparando autos, mientras los hombres dueños de aquellos carros, cargaban a un bebé que lloraba desesperando clamando ¡¡¡MAMÁ, MAMÁ!!! y aquel hombre le consolaba... Era bastante extraño, pero no le hice mayor caso... Al seguir apenas unos metros más allá, vi jóvenes salir de clases y noté que los hombres iban agarrados en parejas de la cintura, vestidos como Daddy Yankee pese a su uniforme escolar y pude observar también, mujeres con esos lentes que llaman "lentes de nerd" agarradas en íntima confianza de las manos... Allí me dije a mi mismo "Vale, debe ser 28 de noviembre o una cosa de esas raras...". Ya llegando a la estación de metro más cercana a mi casa, pude ver transexuales charlando y coqueteando con hombres y que éstos, le cargaban las carteras... Allí si empecé a asustarme de verdad... Pero, una vez llegué a mi destino, la cosa fue peor... Vi a "jóvenes" (por llamarlos de alguna forma) mofarse de una monja que pasaba por la calle e incluso se retaban entre ellos a ver quién le daba una nalgada, hasta que uno tomó la delantera y lo hizo delante de los demás mientras aquella monja, avergonzada, avanzaba en silencio.
Unos pasos más adelante, empecé a notar que la gente llevaba el color del cabello de tonos nada naturales, tales como fucsia, verde, azul, blanco... Y que además usaban ropas realmente extravagantes... No sé si parecidos a un payaso o a una mala copia de "Star Treek" el hecho, es que una de las pocas personas que vestía como PERSONA, era yo... Y cuando empezaba a cabrearme de verdad, vi a una pareja de jóvenes normales, un hombre y una mujer, caminar agarrados de la mano y ésto empezó a tranquilizarme hasta que pude observar que niños, ancianos, mujeres y hombres les veían con desprecio y rumoreaban a sus espaldas... Sin entender qué pasaba, me le acerqué a una señora que se veía más o menos normal estéticamente hablando y me atreví a preguntarle: "Señora, ¿por qué la gente señala a esa pareja?" a lo que la susodicha "señora" me respondió "¿Es que acaso no lo ve? ¡¡¡SON HETEROSEXUALES!!! ¿no les da pena?"... Allí empezó realmente el terror... Y por si fuese poco, un policía se les acercó y yo, intrigado, a la par de aterrado, me mantuve prudente pero cercano al lugar a ver qué les decía este, pues, al ser un policía, esperaba un respaldo de su parte hacía esa pareja... Nunca había creído que algo tan absurdo sucediera, pues éste, el policía, les dijo en tono impositivo: "Señorita, señor, van a tener que acompañarme a la comisaría, como saben por decreto Nº 2599 del Ministerio del Poder Popular para la Salud, está prohibido la muestra de afecto heterosexual en público"...
Ya realmente estaba agitado, al borde de la locura, a punto de estallar y golpear uno por uno, a todos los transeúntes que circulaban por allí, cuando un anciano me tomó de la muñeca y me jaló con fuerza hacía un bar cercano y cuando pensaba insultarlo, éste se me adelantó y me dijo en un tono de voz bastante calmado y sereno, pero agotado y resignado: "Joven, sé lo que estás viviendo, comprendo tu furia, comprendo tu ira hacía este mundo, pero ¿qué se puede hacer? ¡la sociedad eligió ser tolerante!... ¡Tú hiciste en tu momento todo cuánto estuvo a tu mano, y como tú, muchos más, pero los medios han vencido y nada se puede hacer ya", Me atreví a intentar responderle, pero el anciano, quién me extendió una silla con su mano derecha y me invitó a tomar asiento, prosiguió con su monólogo: "Ahora todos somos iguales... o más bien, unos son más iguales que otros... La tasa de natalidad ha disminuido vertiginosamente pues la mayoría de la gente es homosexual y, de las pocas parejas heterosexuales que quedan, yo me atrevería a decir que una de cada diez tienen hijos de forma natural, no sin antes pedirle un permiso al gobierno el cuál se tarda años en dar... las otras nueve, las mujeres se niegan a salir embarazadas pues eso es un "invento fascista" del hombre para reprenderlas y dejarlas esclavizadas 9 meses a un ser... El aborto es lo más común del mundo y el gobierno facilita las drogas y las operaciones de transexuales de forma gratuita... Los pocos niños que aún van a clases, les enseñan tolerancia e igualdad, multiculturalismo y por ende, les enseñan canciones africanas y a tocarse los miembros sexuales entre ellos, siendo del mismo sexo... ya sabes, para combatir al racismo y a la homofobia... Ese es nuestro mundo hoy día..." En ese instante, el hombre ya canoso, dio un gran suspiro y allí pude exclamar, lleno de rabia y dolor: "Pero... ¿Cómo ha podido pasar esto?! ¿Y la espiritualidad, la vida sana, la naturaleza?"... Cuando aquel hombre iba a responder a mi interrogante, entró al bar un grupo de policías de esos que uno ve en películas, de esos de acciones comando, tumbando la puerta de golpe y gritando: ¡¡¡ARRIBA LAS MANOS!!! ¡¡¡HEMOS RECIBIDO UNA LLAMADA NOTIFICANDO QUE AQUÍ HAY UNA CONCENTRACIÓN DE INTOLERANTES Y EL GOBIERNO MUNDIAL NO PERMITIRÁ MÁS ODIO!!!
CONTINUARÁ... EN LA VIDA REAL...
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